[Reseña cine] 120 latidos por minuto (120 battements par minute): En el mejor momento

En Chile, el contagio de VIH ha aumentado entre un 34 y un 47% en los últimos cinco años, lo que lo convierte en lo que los expertos llaman “un brote epidémico”. En este sentido, 120 latidos por minuto no podía haber llegado en mejor momento.

Act Up es una asociación que nace para evidenciar los grupos afectados por esta enfermedad, que yacen ocultos en la sombra de la indiferencia social. Es decir, los homosexuales, las prostitutas y los toxicómanos ¿Su parada? Reventar sangre falsa para dar cuenta de una verdad dolorosa: no actuar pudiendo es llenarse las manos de sangre.


Resulta que hablar de SIDA es un tabú (no por nada algunos titulares de diarios dicen que es una “enfermedad a la que se perdió el respeto"), pero no uno de esos tabúes que te produce pudor y que te inhibe, sino todo lo contrario: algo que no se quiere ver. Y 120 latidos por minuto lo pone en la palestra, así, incómodo y crudo.

Vale decir que se trata de un film francés. Entonces, el juego de cámaras, los diálogos e incluso los colores van muy en la línea del cine galo: muy romántico, pero a la vez explícito y erótico. La película es en sí misma un acto de activismo, con un foco fuerte en la homosexualidad y en el contagio entre personas de un mismo sexo.


La trama es básicamente la lucha de Act Up en diferentes instituciones por educar y exigir los derechos que les son vedados. Entre medio, se entretejen las historias de los mismo activistas que libran su propia pelea contra la estigmatización y el abandono.

¡Ojo! Que no se pierda el foco. La idea es crear consciencia acerca de lo políticamente prohibido, pero que sigue ahí, latente, como un corazón que se va deteniendo; de que hay drogas que pudieran curar del VIH, pero que –en el tono de la película- están en manos de quienes consideran que la vida de los enfermos no vale lo suficiente como para liberarlas.


¿Entre verla y no verla? Verla. Primero porque dedicarle tiempo es un acto de reivindicación a aquellas voces que han sido acalladas y que necesitan hablar: los enfermos. Segundo, porque independiente de la posición en que nos encontremos, es un recordatorio de que hay luchas que merecen ser peleadas. Y tercero porque es una necesidad: un bombardeo imprescindible de educación sexual (lo que más le falta al país) con cosas básicas como que “no importa si tu preferencia es heterosexual, bisexual u homosexual, la única arma para defenderse contra las ETS y el SIDA es el condón”. En la sombras hay miles de personas contagiadas, protégete.


Por Adriana Villamizar
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