[Reseña cine] CLIMAX: La fascinante y agotadora fiesta de Gaspar Noé

El estilo de hacer cine de Gaspar Noé no es algo desconocido para los que han seguido su carrera, la que explotó hace varios años con Irreversible (2002), su obra más controversial por sus niveles de violencia. Lejos de algo casual, el fundamento del director de contar historias empujadas por violencia gratuita y explícita es lo que siempre va a tener en la cuerda floja a sus seguidores y detractores, pero si hay algo claro es que Gaspar Noé sabe muy bien como llevarte hasta el punto más alto del desagrado. Ir a ver Clímax sin saber a lo que vas me suena peligroso, porque es una película que apela a sensibilidades difíciles de digerir. De hecho, incluso siendo capaces de soportarlo puede ser desconcertante que el relato recaiga exclusivamente en lo brutal del impacto físico y psicológico de sus personajes, con una construcción de una atmósfera cruda y repetitiva que te va cerrando las puertas de la salida en tu cara. El sexo, las drogas, la violencia de género, todos los elementos que podrían salir mal en una fiesta son exprimidos hasta permitir la peor noche de tu vida y aun así con algo de poesía entre manos, ya que Gaspar Noé sabe exactamente dónde poner la cámara para plasmar esa belleza tan propia de una sociedad joven que presume ser brillante, pero que termina en lo enfermizo.


La película comienza con una monótona introducción a modo de entrevistas que nos habla de esta academia de baile, con las motivaciones de sus integrantes para entrar y donde vamos conociendo leves rasgos que son explotados en el caos posterior. Poco después, unos largos planos secuencia de unos bailes excelentemente coreografiados se van intercalando con un mundo interior de los personajes más precario de lo que uno querría, y así la sucesión de acontecimientos terribles caminando lentamente hacia un clímax peor que la muerte se da con inteligencia, pero también con excesos de violencia por todos lados. No es que abuse del gore, pero es ver reflejada la violencia en todos los flancos posibles, sin espacios para respirar algo de cordura. Al final de cuentas no importa tanto el verdadero culpable de que estos jóvenes hayan entrado a este infierno, tampoco se trata de esperar una posible salvación o redención por sus actos, porque esta es una película que lo único que busca es llevarnos al plano más primitivo del dolor, sin filtros de ningún tipo y extendiéndose hasta el agotamiento. El ser humano como una máquina de destrucción masiva se lleva toda gloria en una historia donde la única alma inocente del mundo de los adultos es manipulada para golpearte aún más duro, por lo que está claro, no esperen pasarla bien viendo esta película.


Clímax está inspirada en hechos reales, y aunque sabemos que la realidad supera la ficción, el impecable y también cuestionable estilo de Gaspar Noé nos hace dudar de si realmente el ser humano es tan despreciable, un mérito que hay que reconocer. Agradecemos a Cinetopia por la invitación para ver la película, y si quieren hacer lo mismo aún pueden encontrar funciones de Climax en Cine Arte Normandie.

Por Andrés Leiva
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