[Reseña cine] Suspiria: Cuando el todo es menos que la suma de sus partes

Hacer un remake nunca ha sido tarea fácil, más aún cuando se trata de hacerlo bien. Si a eso le sumamos que es la obra cúlmine de un aclamado director italiano, podría ser una proeza casi imposible de lograr. Esto es lo que intentó hacer Luca Guadagnino (Call me by your name) con la obra de Dario Argento de 1977, Suspiria.


Usando la base del imaginario de la obra de Argento, Guadagnino reimagina casi por completo la mitología de la original (el estudio de baile y las brujas), en una película que es más un tumulto de escenas grandilocuentemente construidas, pero no un grandioso largometraje.

Porque Suspiria es en sí misma un conjunto de excelentes secuencias que si las miramos independientemente de las que las preceden o siguen, funcionan casi a la perfección; pero si las juntamos y tratamos de buscar el sentido que naturalmente busca la audiencia, el filme como un todo se derrumba en una polvareda de líneas narrativas un poco forzosas y a veces incoherentes. Quizá la intención de Guadagnino de alejarse del cine Hollywoodense y buscar su propio sello de autor terminaron por hacerle creer que a veces se puede abarcar mucho y apretar al mismo tiempo.


El lado positivo es que lo que Suspiria carece de un lado se compensa por otro, pues las actuaciones son ciertamente impresionantes. Dakota Johnson por fin nos muestra realmente de lo que es capaz con una poderosa interpretación en su rol protagónico, pero quien se roba todas las miradas es la gran Tilda Swinton. Haciendo no uno, ni dos, sino tres papeles en esta película, todos ejecutados con un habilidad camaleónica impresionante. Su trabajo de por sí hace es lo que torna interesante a este filme.

Con un trabajo de arte y color esplendido, Suspiria logra llamar la atención por su estética, que, quizá pensaron tan bien y por tanto tiempo que no dejó espacio para llenar los vacíos en su narrativa. Lo que Guadagnino construye visualmente en pantalla es absolutamente un acierto.


Imperfecta como es, Suspiria tiene razones tanto para encantar como para disgustar. Ahora, si van a verla sin tratar de buscarle mucho sentido y simplemente a maravillarse con su novedosa propuesta estética en el género de terror y las excelentes interpretaciones de un tremendo reparto femenino liderado por Dakota Johnson y Tilda Swinton, es posible que logren disfrutar el filme como un todo y no por partes.


Por José Pino
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