[Reseña cine] El Vicepresidente: El arte de la sátira

Muy fiel al estilo que lo hizo conocido y que vimos en La gran apuesta (The big short), el director Adam McKay vuelve con El Vicepresidente, que como currículum llega con nada más ni nada menos que ocho nominaciones a los próximos premios de la Academia. En esta película, McKay nos muestra como fue que Dick Cheney (Christian Bale) pasó de ser un trabajador asalariado promedio, a uno de los hombres más poderosos en el juego político de Estados Unidos durante la administración de George W. Bush (Sam Rockwell).


Con un gran trabajo de maquillaje, un camaleónico Christian Bale nos muestra como la influencia, desde las sombras, de Cheney influyeron en eventos como la invasión a Irak, la guerra contra el terrorismo y cómo un simple hombre, aprovechando vacíos legales de la constitución logro acaparar incluso más poder que el propio presidente.

En vez de hacer como Clint Eastwood y justificar estos eventos mostrándonos el lado “humano” —soldados desesperados por volver con sus familias—, McKay prefiere el show político que hubo detrás, haciendo una clarísima crítica disfrazada de sátira. Como guionista McKay es ingenioso con los diálogos, aunque a veces caiga en excesos.


Pero dentro de tanto cinismo, irreverencia y críticas a la sed de poder en la política, McKay deja ver su peor lado al romper una de las máximas del cine: nunca subestimes a la audiencia.

Y es que El Vicepresidente nos da todo en una bandeja de plata, sin dejar espacios para que la audiencia reflexione o haga sus propias conclusiones de lo que está viendo. Ahora, si bien es cierto que el trabajo de edición es impecable (uno de los dos grandes contendientes en el Óscar de dicha categoría), narrativamente se siente que es un gran tumulto de información que llega sin parar y por defecto desmenuzada para el espectador.


Por José A. Pino
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