[Reseña cine] La puerta abierta: Violencia y femineidad

Lejos de ser perfectas, las protagonistas de La puerta abierta muestran la otra cara de lo femenino: mujeres cansadas, desesperadas, al borde del abismo del fracaso y de manifestaciones cancinas de sexualidad presentadas de forma sutil. Mujeres reales, que viven una vida real, con pasados sórdidos, con presentes confusos. La puerta abierta es una obra de arte fílmico que exhibe a la humanidad y sus bemoles de una manera irónica y, por su puesto, graciosa. La puerta abierta es una mirada adentro, a una intimidad tormentosa, pero también es una oportunidad de dejar entrar aires nuevos.


Rosa es prostituta. Lo heredó de su madre, Antonia, ahora sumida en una demencia que la hace pensar que es Sara Montiel, una actriz y cantante española. La senilidad ha corrompido sus recuerdos al punto que solo logra convertir la vida de rosa en fatalidad, resaltando su sentimiento de frustración. Todo cambia cuando Lyuba, una niña recién huérfana al morir su madre (la Rusa), llega a dar calidez a esta familia al encontrar la puerta abierta.

El escenario es una cité donde los chismes están a la vuelta de la esquina (o de la ventana). La forma en que está dispuesta la imagen –los planos cercanos y la iluminación- logra transportar al espectador a este mismo espacio reducido y regenerar la sensación de encierro. En otras palabras, la realización visual acompaña al estado psíquico que transmite Rosa.


Carmen Machi es la encargada de darle vida. Su presencia llena la pantalla de la forma que solo Carmen Machi puede llenarla: graciosa, compleja, oscura. Sin embargo, se complementa de manera tan perfecta con la imagen que no opaca a los otros miembros del elenco como Lupita. Lupita, el travesti, es representado por Asier Etxandía. La seriedad con que presenta lo que podría haber terminado en una caricatura, ayuda a presentar este otro polo de lo femenino: la mujer que no es mujer y el mundo que la rodea. 

Con este trabajo María Sereseky, directora, presenta una mezcla hermosa entre ternura y violencia; entre humildad y soberbia; la luz entre la miseria. Es una película inspiradora permite que nos preguntemos si deberíamos a veces quizás dejar alguna puerta abierta para que entre aire también a la complejidad cotidiana.


Por Adriana Villamizar
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